La teoría económica convencional dice que el nivel de ingresos y posesiones tiene una clara correlación con el nivel de felicidad. Cuanto más mejora nuestro nivel de vida material más felices somos. Sin embargo, hay otro factor importante. La competitividad, somos felices si podemos disfrutar o poseer algo que los demás no puedan. Es decir, ser más que el otro acentúado por un individualismo creciente. Esto genera una competitividad que genera estrés, insatisfacción… en el trabajo intentamos ser el mejor, siempre por la vía de pisar al otro, no por la vía de la cooperación y la confianza mutua.
Egoismo, individualismo, materialismo...el ser humano se está convirtiendo en una auténtica "joyita".
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